Saga El planeta de los simios
Desde su nacimiento como género con las producciones de los años treinta de la compañía estadounidenseUniversal, el terror se había visto progresivamente relegado a los márgenes de la serie B (también las míticas producciones de la Hammer Film realizadas a partir de 1955 en Gran Bretaña, o la serie de adaptaciones de relatos de Edgar Allan Poe filmadas por Roger Corman a partir de 1960), cuando no de la serie Z.
El planeta de los simios y 2001: Una odisea del espacio estaban basadas en obras literarias preexistentes de cierto prestigio –el relato “El centinela” (1951) de Arthur C. Clarke la segunda, el libro homónimo del escritor francés Pierre Boulle la primera–, pero mientras Kubrick proponía una fascinante y críptica obra de autor sobre el origen (o el fin) de la humanidad tal y como la conocemos, el filme de Schaffner construía una original relectura del relato de aventuras clásico en clave (post)apocalíptica con soterradas dosis de ironía y un nada disimulado pesimismo sobre el futuro de la Tierra.Por su parte, la “ciencia ficción” (cuya traducción más apropiada del inglés sería “ficción científica”), término acuñado en 1926 por Hugo Gernsback desde las páginas de la revista Amazing stories, no se consolidaría de manera definitiva como género hasta principios de la década de los cincuenta, una época turbulenta de la historia mundial marcada por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.
Radicalmente distintos pero a la vez complementariamente inseparables, ambos filmes elevaban las posibilidades expresivas y dramáticas de la ciencia ficción hasta prácticamente el infinito y ejercerían una influencia destacada en posteriores producciones del género: películas como La amenaza de Andrómeda (The Andromeda strain,Robert Wise, 1971), Naves misteriosas (Silent running, Douglas Trumbull, 1971), El último hombre vivo (The omega man, Boris Sagal, 1971), Almas de metal (Westworld, Michael Crichton, 1973), Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973), Sucesos en la cuarta fase (Phase IV, Saul Bass, 1974) mostrarían, de diferentes maneras y con menor o mayor acierto visiones críticas del futuro de la humanidad, así como de los peligros de la tecnología descontrolada y mal utilizada, antes de que Hollywood devolviera el género a terrenos mucho más inocuos y lúdicos no sólo con la ya mentada La guerra de las galaxias sino más especialmente con las intrascendentes Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, 1977) yE.T., el extraterrestre (E.T., 1982), dirigidas por Steven Spielberg.
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